La capital de Bolivia, situada en el centro de Sudamerica, aparece en una ondonada atemorizante. Existe solo una carretera para llegar a la Paz. La cual serpentea varias veces para bajar al centro de la ciudad.
Los alerededores de la Paz son de los lugares mas pobres que pude ver en sudamerica. Ademas de la pobreza, se suma el rigor del clima.
Llegamos por una empresa pirata de Copacabana, tengan mucho cuidado, existen una gran cantidad de camiones que son llamados Copacabana pero en realidad no son los originales. En el autobus que viajamos, proveniente del Potosí, estaba en muy malas condiciones, lo peor es que no tenia calefacción (creo que ningun autobus en el que viajamos por Bolivia tenia calefacción). La temperatura era muy baja, hasta agunos Bolivianos tocaron al camarote del conductor para que pusiera algo de calor, pero los conductores ni siquiera abrieron la puerta.
El viaje, como todos los anteriores fue terrible, el autobus iba muy rápido. Lo mejor es tratar de dormir. Nos habian dicho que podiamos permanecer en el autobus al llegar a la Paz, pero fue una mentira más de los vendedores de boletos. Al llegar nos bajaron a todos, eran las 4:30 de la mañana y el frio seco y la altura eran dificiles de enfrentar.
Muchos dicen que en Estados Unidos o Europa hace aun mas frio, el problema es que en la estación de autobuses de la Paz, no hay donde calentarse. Nos tuvimos que poner todas las chamarras que teniamos y cubrirnos con las mochilas, afortunadamente paso por ahi un vendedor de cafe con coca que ayudo muchisimo.
Ya como a las 5 de la mañana abrieron una cafeteria que parecia refrigerador y toda la gente que estabamos por ahi tratando de no congelarse pudimos entrar. Pero el servicio era pesimo.
En la misma estación de la Paz por algunos Bolivianos guardamos las maletas en unos establecimientos muy raros. Era como un mercado de guardaequipajes, habia varios y pues no se veian nada seguros, preguntamos por si contaban con un seguro contra cosas perdidas y la gente se indignaba de que les preguntaramos eso. No hubo mas que confiar y dejar las maletas en el lugar que más nos dio confianza.
Una vez que salio el sol, salimos a las calles y caminamos rumbo al centro. La ciudad comenzaba a despertar. El centro esta muy cerca de la estación de autobuses, se puede ir caminando. Las calles son muy antiguas, me recordo mucho el centro de la ciudad de México, es más, existe un volcan gemelo al iztacihuatl, el Illimani, el cual, magestuoso, adorna a la ciudad.
En el centro de la ciudad, se encuentran las oficinas de gobierno. Estuvimos esperando a Evo Morales, a las afueras del Palacio Quemado, pero desafortunamente no puimos verlo. La gente del lugar nos contaba que podiamos verlo salir a comer sin ningun problema y tal vez saludarlo. La gente lo quiere mucho.
Algo que me impacto, fue ver la bandera inca a un lado de la bandera boliviana en lo alto del palacio del presidente. Una reivindicación a la lucha indigena.
Sin embrgo, La paz es una estampa de la realidad Boliviana. La ciudad se encuentra en la profunidad de una cuenca, las paredes alrededor de la ciudad estan llenas de una favela inmensa de millones de personas. A donde quiera que voltees, puedes ver miles de casas color rojo ladrillo. Es agobiante, caminar, por las calles y mirar hacia los lados y ver esos laberintos.
Mientras caminamos por la ciudad comimos en una loncheria de una calle cualquiera, la atención fue buena y la comida grasosa como casi toda la comida boliviana, pero con ese frio la combinación fué perfecta.
Todo el dia no la pasamos en librerias, comprando ejemplares locales, una cosa graciosa, fué encontrarse con la editorial Hoguera, su símbolo, un libro en llamas.
Visitamos el mercado central, donde pudimos encontrar cosas hermosas a precios mucho muy bajos. Solo tengan cuidado con la alpaca, un buen sueter de alpaca es carisimo, lo que venden es casi poliester, un tip es el brillo, la alpaca no es brillosa.
Tomamos un bus a Copacabana, el boleto lo compramos en la misma estación de autobuses. Un dato curioso, hay muchisimas taquillas de varias marcas de autobuses, yo pensaba que el tráfico entre ambas ciudades era intenso. Sin embargo, al final, todo mundo vende boletos del mismo omnibus, un carrito algo pequeño que hace varias paradas y que alegremente te saca de esta mole de ladrillos.
La paz, es hermosa y lo mejor, esta llena de vida...
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